• Rastrear el corazón humano

    (Arte de Compasión) por Ricardo Toledo

    “Es una persona muy resentida y paranoica. Actúa de mala fe y nos está manipulando a todos”.

    “¡Qué tipo más desconectado y verborrágico! Estoy harto de escucharlo con su cantinela de siempre”.

    “Ese presidente es un verdadero monstruo para la humanidad”.

    Cuando llego al punto de tener estas opiniones y juicios acerca de otros, ¿es posible recuperar una percepción que me permita ver y rescatar la humanidad en estas personas; comprender que ahí hay una persona que tiene necesidades tan humanas como las mías, aunque yo no esté de acuerdo con las estrategias que está encontrando para satisfacerlas? ¿Es posible empatizar con su experiencia? ¿Es posible conectar su corazón humano?

    ¿Es posible expresar lo que me pasa ante él o sus actos sin demonizarlo o cosificarlo manteniéndolo fijo en un diagnóstico o juicio estático? ¿Sin tirarle encima a él la culpa por mis sentimientos, pero a su vez siendo completamente honesto? ¿Es posible expresar plenamente el propio enojo o dolor manteniendo el respeto por el otro, sin buscar menoscabarlo, derrotarlo o quitarlo del medio; y mostrar a su vez mi sincera disposición a escucharlo y comprenderlo?

    “Soy un desastre y no tengo arreglo. Otra vez estoy repitiendo la misma situación y generando sufrimiento en las personas que más quiero. No aprendo más”.

    “No sirvo para esto… Justo me pongo a tartamudear cuando me están tomando la entrevista de trabajo”.

    “Me siento muy inadecuado. Así como soy nunca nadie se va a interesar en mí”.

    “Aquí estoy: acelerado, ansioso y hablando sin sentido…”

    Cuando llego a criticarme de este modo, ¿Es posible encontrar una manera de estar con mi experiencia que sea comprensiva y reparadora, y que me ayude a crecer en la dirección que quiero hacerlo? ¿Es posible ofrecerme auto-empatía y encontrar el sentido constructivo que tienen para mi vida estas voces internas que se expresan de una manera tan dura? ¿Puedo amigarme con mi propia humanidad escuchando y comprendiendo el mensaje de todas mis partes, de todos mis yoes componentes?

    “Sos muy egoísta. Sólo pensás en vos y en tus cosas”.

    “Estoy decepcionada. Esperaba otra cosa de vos. Fuiste increíblemente desatento conmigo”.

    “Te equivocaste y muy mal. Ya no puedo confiar en vos”.

    Cuando recibimos mensajes que nos duelen y son muy difíciles de oír, ¿podemos recibir la experiencia del otro tal cual es sin caer en la pauta de defender/atacar? ¿Podemos escuchar las palabras como expresión de algo que hemos estimulado en el otro sin sentirnos culpables ni responsables por sus sentimientos? ¿Podemos mantener la curiosidad por entender realmente cuáles son sus sentimientos y cuáles son las necesidades que no fueron satisfechas en el otro con mis acciones? ¿Podemos ofrecer empatía sin engancharnos en justificaciones y disculpas? ¿Podemos entender que básicamente esa persona nos está hablando de sí misma y no de nosotros?

    En estas preguntas se encuentran implícitos algunos aspectos propios del Enfoque Centrado en la Persona (ECP). Por ejemplo: la confianza básica en la naturaleza humana. Toda persona es digna de ser comprendida y conlleva en sí misma la Tendencia Actualizante. No necesitamos imponernos ante otro ser humano para dominarlo, someterlo y corregirlo (excepto cuando estamos ante conductas claramente antisociales que implican algún tipo de daño hacia la vida… Ahí tal vez sea necesario usar la fuerza, pero aún en esos casos podemos distinguir entre un uso protector o punitivo de la fuerza), sino establecer un determinado tipo de vínculo que facilite la emergencia de los aspectos constructivos que anidan en cada uno. Nos resulta tal vez muy claro aplicar esta visión positiva en la relación con nuestros consultantes, podemos seguirlos empáticamente y aceptarlos sin juzgar aún en sus vivencias más abominables para sí mismos y otros. Pero el punto aquí es: ¿qué nos pasa, inclusive más allá del rol profesional, justamente ahí donde las situaciones, los mensajes y los sentimientos en los que nos vemos envueltos personalmente son “difíciles” y/o “conflictivos”; allí donde mi capacidad empática se hizo trizas y sólo me queda el uso de la congruencia para expresar mi furia, desazón, aburrimiento, incomodidad o dolor? Pero aún cuando expreso todo esto en nombre de la congruencia o la libertad puedo hacerlo de un modo que no condice con la visión positiva y constructiva de la naturaleza humana que propone el ECP. Entonces en nombre de la congruencia podemos caer en una Gran Incongruencia. En nombre de la congruencia te arrojo todo mi bagaje de diagnósticos, juicios y condenas, te culpabilizo y te dejo bien en claro que dudo que puedas tener arreglo y que en verdad lo que necesitás es arrepentirte y seguir mis consejos de cómo deberías vivir tu vida.

    He visto esto con mucha frecuencia en mí y he visto esto también en muchos colegas. Los principios básicos del ECP que más aprecio pueden hacer agua con mucha facilidad; se puede dejar de escuchar y aún de respetar la experiencia del otro cuando algo duele de manera personal y las defensas se levantaban. Esto es algo muy humano, por cierto. Pero ¿es posible realizar un trabajo personal suficiente como para mantener la congruencia de esta visión acerca de la naturaleza humana como confiable, aún en las situaciones difíciles en las que aparece todo el condicionamiento que nos lleva a proyectar hacia afuera las culpas y a aprisionar al prójimo en juicios y condenas, deshumanizándolo? ¿Es posible mantener las actitudes facilitadoras de empatía, congruencia y aceptación cuando me veo afectado negativamente por las conductas, expresiones o palabras de otros?

    No estoy hablando de “ser buenos” y habitar un universo donde el conflicto y la confrontación no tengan lugar. No planteo una visión ingenua donde nos enfocamos sólo en lo positivo y excluimos lo difícil porque no sabemos cómo lidiar con ello. Estoy hablando de poder ser íntegros en las situaciones difíciles, manteniendo una congruencia más amplia con una visión que básicamente confía en la naturaleza humana y que contiene valores de respeto, consideración, autonomía, comprensión, libertad, transparencia, crecimiento, confianza y aceptación en el modo de vivir las relaciones interpersonales.

    He encontrado respuestas claras a estas preguntas en el trabajo desarrollado por un psicólogo clínico que estudió y trabajó con Carl Rogers: Marshall Rosenberg; quien desarrolló la propuesta llamada Comunicación No Violenta (CNV). Los elementos de este modelo son muy familiares con el ECP y también aportan aspectos nuevos, algunos focos muy específicos. Por ejemplo: una interacción desde la CNV no se ve completa en tanto y en cuanto no se atiendan y satisfagan equitativamente las necesidades de todas las partes involucradas. Sería incongruente el uso de la CNV si sólo busco atender mis propias necesidades. La dinámica básica es conectar y atender empáticamente los sentimientos y necesidades propias y ajenas. Tu bienestar es mi bienestar y viceversa. No es sólo “lo que a mí me pasa”, es cómo la Vida (tuya y mía… que son la misma Vida) puede ser cuidada y enriquecida cuando nos arriesgamos a conectarnos de corazón a corazón, atendiéndonos de una manera precisa.

    Además Rosenberg, al igual que Rogers, exploró y comprendió los sistemas de dominación implícitos en nuestros modos de relacionarnos con nosotros mismos y con otros. Ambos desarrollaron propuestas que desafían modelos de dominación de pocos sobre muchos: padres sobre hijos, maestros sobre estudiantes, terapeutas sobre pacientes, gerentes sobre empleados, etc. Ambos se preguntaron acerca del poder y el control y cómo compartirlo, desde un paradigma de confianza en la naturaleza humana.

    Tuve la oportunidad de conocer a Rosenberg y su obra, y siento un gran agradecimiento por su contribución como posible continuación y enriquecimiento de la visión de Carl Rogers.

    La Comunicación No-Violenta.

    Rosenberg suele llamar a la CNV el Lenguaje de la Compasión o simplemente el Lenguaje de la Vida; pues con este modelo pretende reconectarnos con un modo natural y más básico de estar en nuestras relaciones y con nuestra experiencia, un modo que expresa nuestra natural tendencia a establecer relaciones fructíferas y solidarias. La CNV nos reorienta hacia el núcleo más vivo presente en toda interacción o vivencia; energía vital que a veces (o por lo general) se ve oscurecida por todo un bagaje de condicionamiento que nos lleva a capturar la experiencia más viva y esencial en una celda que congela a través de juicios, diagnósticos, críticas, culpas, justificaciones, evaluaciones de bien/mal, correcto/incorrecto, etc…

    La CNV nos plantea que en verdad, más allá de la manera en que una persona se esté expresando, en cada expresión o conducta anida siempre un núcleo vivo compuesto de: a) Observaciones, b) Sentimientos, c) Necesidades y d) Pedidos. Todo ser vivo se encuentra en cada momento en esa condición: una ameba, una planta, un leopardo, un tábano, una ballena, una persona. En todo momento el ser vivo se relaciona con su medio recibiendo estímulos de su entorno externo o interno (“observa”), registrando diferencias a través de los órganos sensoriales (“siente”), percibiendo y procesando a través de las propias necesidades vitales (“necesita”) y accionando con algún tipo de respuesta o ajuste a su situación (“pide”). Entonces, estamos hablando no solamente de la motivación y conducta humanas sino de la dinámica natural y básica de la vida para mantenerse y desarrollarse.

    La CNV nos invita a reconocer estos aspectos básicos en cualquier expresión o conducta y a re-traducir esa expresión o reacción condicionada a su motivación más esencial y vital. Si nos comunicamos desde lo que observo, siento y necesito, y desde ahí hago un pedido claro (no una exigencia) es muy probable que mi mensaje sea más claramente recibido y finalmente obtenga lo que busco para enriquecer mi vida. A su vez si escucho la expresión del otro desde este punto de vista y conecto con sus observaciones, sentimientos, necesidades y pedidos, sin engancharme en sus juicios, probablemente me vea naturalmente inclinado a movilizar mis recursos para contribuir con su bienestar.

    El primer paso importante es reconocer el estímulo, es decir lo que observamos, separándolo de las evaluaciones o juicios que hacemos de ello (pura descripción fenomenológica en lo posible). Y además, sin considerarlo como causa de lo que sentimos. Nadie nos hace sentir como nos sentimos. Lo que sucede es que algo que percibo, veo o escucho estimula sentimientos en mí, pero la verdadera causa de estos sentimientos son mis propias necesidades y valores.

    O sea que, en primer lugar, la CNV nos entrena para despegar los fenómenos que percibimos de los comentarios, opiniones, juicios y evaluaciones que tienden a adherirse inmediatamente. Una verdadera práctica y uso de la “atención plena” en relación a las situaciones que vivimos.

    Y en segundo lugar, el reconocimiento de que nadie me hace sentir lo que siento sino que “estimula” sentimientos en verdad originados en mis propias necesidades o valores, me lleva a vivir una vida de mayor responsabilidad, donde el hábito de culpar a otros por lo que me pasa comienza a debilitarse. El foco comienza a desplazarse a la posibilidad de conectar honestamente con las necesidades propias subyacentes en los sentimientos que vivo.

    Voy a tomar dos ejemplos de los de arriba: a) “¡Qué tipo más desconectado y verborrágico! Estoy harto de escucharlo con su cantinela de siempre” y b) “Ese presidente es un verdadero monstruo para la humanidad”.

    En el ejemplo a):

    Conectar y expresar las observaciones separadas de las evaluaciones: “Al ver que durante los últimos veinte minutos hablaste sin pausa y las cinco veces que empecé a decir algo me interrumpiste y seguiste hablando de lo que tus compañeros de trabajo hicieron…”

    Conectar y expresar sentimientos: “…me siento cansado y frustrado (o aturdido o aburrido o desconectado… o ¡todo esto!)

    Conectar y expresar necesidades: “…porque tengo una necesidad de conexión…”

    Hacer un pedido: “…y me gustaría saber si estás dispuesto a decirme cómo te sentís en este momento”.

    En el ejemplo b):

    Observar sin evaluar: “Al ver que el presidente tomó la decisión de atacar e invadir un país extranjero y justificó sus acciones con argumentos (la existencia de armas químicas) que luego se comprobó que no eran ciertos, al ver que se destina gran parte del presupuesto nacional en armamentos, al ver que se utilizan argumentos en relación a la seguridad para realizar acciones que luego demuestran que su interés fundamental es de orden económico, al ver que se censura a personas violando la libertad de expresión, al ver que la población está enfrentada y ha crecido la violencia según las estadísticas de los últimos cuatro años, al recibir datos de que el odio ha crecido en la población de otros países, al ver que mientras se están llevando a cabo acciones para combatir el terrorismo los atentados contra inocentes en distintos lugares del planeta se han multiplicado …”

    Sentimientos: “me siento indignado, asustado, desesperanzado y profundamente preocupado…”

    Necesidades: “porque tengo necesidades de justicia, transparencia, paz y respeto en el mundo en que vivo, y también necesidades de seguridad y esperanza para mí y mis seres queridos…”

    Pedido: “¿alguno de ustedes estaría dispuesto a juntarse conmigo por dos horas para reflexionar y buscar estrategias de acción que contribuyan al cambio de esta situación?”

    Este “pequeño” desplazamiento de la atención y la conciencia, ante algún tipo de respuesta emocional desencadenada por un estímulo, que podríamos describirlo como: “de arriba” (pensamientos, juicios, evaluaciones y diagnósticos) “hacia abajo” (sentimientos y necesidades en las vísceras y el corazón), y “de afuera” (lo que los otros me hacen, lo que el entorno me provoca) “hacia adentro” (necesidades y valores propios) puede ser una verdadera revolución personal. En verdad es un movimiento “gigante”…

    Hemos visto en estos dos ejemplos cómo “traducir” vivencias que conllevan juicios, al lenguaje de la CNV. Otro aspecto importante es acerca de cómo recibir mensajes difíciles de escuchar que implican críticas o culpas hacia nuestra persona.

    Lo que plantea la CNV es la posibilidad de vincularnos sin atender a juicios y críticas de los otros sino conectándonos y escuchando empáticamente los sentimientos y las necesidades implícitas en la otra persona cuando nos da su mensaje.

    Y aquí sí hay una diferencia, un agregado en relación a cómo entendemos la empatía desde el ECP. La CNV nos dice que al empatizar tratemos de reconocer la necesidad subyacente al sentimiento. “El sentimiento es el aroma, la necesidad es la flor”. Tenemos que reconocer y nombrar, además del sentimiento, la necesidad.

    Con respecto a este punto discutí con Rosenberg. “¿Por qué tenemos que decirle nosotros al otro cuál es su necesidad? ¿No es suficiente con nombrar sólo el sentimiento?”, le pregunté durante uno de sus talleres. Él me respondió “Hacer eso es como ofrecerle un baño a una persona sin que se quite la ropa”. Yo le dije “Desde mi formación en el ECP y otros enfoques experienciales, si yo escucho el sentimiento y lo nombro el movimiento continuará naturalmente y la persona sola se dará cuenta de cuál es la necesidad… La persona sola sabrá cuándo y cómo quitarse la ropa y tomar el baño”. Más adelante agregué: “Reconozco en mí, al decir esto, una apreciación de la autonomía como valor en sí mismo”. Rosenberg sonrió y con mucha gentileza me dijo: “Sí, yo también solía verlo así. Y si tuviera mucho tiempo, tal vez algunos meses, podría hacerlo de esa manera. Pero ahora yo sé que puedo conseguir lo mismo en algunos minutos… Mi sugerencia para ti es que además de lo que ya sabes intentes hacerlo de esta manera. Que pruebes y veas qué pasa.” Recuerdo aquella interacción con mucha satisfacción y agradecimiento, por haberme atrevido a cuestionar y confrontar con claridad, y por la escucha respetuosa y la gentil sugerencia de Rosenberg… Pude recibirla, tenerla en cuenta y ponerla en práctica con muy gratos resultados como persona y como profesional.

    Ejemplos:

    a) –“Sos muy egoísta. Sólo pensás en vos y en tus cosas”

    -“Te sentís dolida… porque tenés una necesidad de consideración y ser tenida en cuenta y te hubiese gustado contar más con mi compañía?

    b) “Te equivocaste y muy mal. Ya no puedo confiar en vos”.

    -Te sentís decepcionado y con bronca, porque tus necesidades de eficiencia, responsabilidad y profesionalismo no fueron satisfechas?

    También, con mucha claridad, la CNV nos advierte que si experimentamos vivamente dolor o ira ante un mensaje que recibimos, será muy difícil e incongruente intentar ofrecer empatía al otro; simplemente en esos casos no disponemos de ese recurso. Entonces lo que necesitamos es auto-empatía, o esperar a recibir empatía de otra persona, para aclararnos qué necesidades no satisfechas están implícitas en el sentimiento de dolor o ira. Cuando esto esté claro podremos recuperar nuestra natural capacidad para recibir y escuchar al otro.

    Entonces la “danza” de la CNV es:

    • Conectar y expresar honestamente: observaciones sin evaluación, sentimientos, necesidades y pedidos (no exigencias) sin criticar ni culpabilizar.
    • Escuchar empáticamente (sin engancharse en juicios o demandas) los sentimientos y necesidades del otro.
    • Una vez escuchadas plenamente las necesidades de todas las partes, buscar estrategias de manera conjunta para satisfacerlas.
    • Parece un esquema simple y puesto de esta manera puede dar la impresión de “receta fácil”, pero en mi experiencia es una interacción llena de vitalidad, riesgo, sorpresa, sensibilidad y transformación.

    Este modelo se viene utilizando para prevenir y resolver conflictos interpersonales y para mediar en diversos conflictos sociales. Se utiliza con familias, parejas, compañeros de trabajo, padres e hijos, directivos y empleados, corporaciones, docentes y alumnos, policías y delincuentes, jefes de tribus africanas en conflicto, israelíes y palestinos, pandillas juveniles, etc.

    Mi experiencia personal.

    El aprendizaje de la Comunicación No-Violenta fue de gran impacto en mi vida personal y profesional. Fue y sigue siendo un gran movimiento de evolución y crecimiento.

    Luego de estar varios meses en contacto con esta propuesta a través de una aproximación facilitada por Julián Lichtmann tuve la suerte de concurrir al Entrenamiento Intensivo Internacional de 9 días con el propio Rosenberg y otros entrenadores de CNV. En el mes de mayo también participé en Holos Capital de los talleres del colombiano Jorge Rubio, coordinador del Proyecto de CNV para Latinoamérica.

    Cuando entro en las relaciones con el tipo de conciencia que propone la CNV, y sobre todo en situaciones donde “las papas queman”, no dejo de maravillarme del poder transformador y humanizador de esta manera de estar. Como flores en primavera los corazones se abren. Me recuerda (aunque no es exactamente el mismo punto) a la expresión propia del entrenamiento Zen que aparece en el cuadro diez del “pastoreo del buey”, metáfora para el camino espiritual, una instancia muy avanzada donde se ve a ese hombre feliz y sencillo entrando al mercado del pueblo, con una gran bolsa de regalos dando golosinas a los niños. El cuadro se llama “Entrando al mercado con manos que otorgan felicidad”. Parte del texto dice:

    “sin necesidad de recurrir a poderes místicos,
    árbol seco que mira reverdece”

    La CNV aportó mayor claridad, cuidado, conexión y honestidad en mis relaciones.

    En mi experiencia fue un paso más en relación al ECP. No necesariamente un paso más allá o más lejos, sino que a veces lo veo como un paso más hacia adentro. La CNV, surgida tal vez, entre otras cosas, de la inspiración que la obra de Rogers provocó en Rosenberg, me ayudó a vivir el ECP que quiero vivir. Un ECP que vaya realmente más allá del ego e incluya con total claridad al otro (que no sea “enfoque centrado en ‘Mí’ persona” exclusivamente); que vaya más allá del consultorio y del rol profesional y tiña mis relaciones cotidianas; que me ayude claramente a generar sistemas organizativos y vivir mis roles directivos y docentes sin utilizar criterios de premios y castigos. Un modelo que pueda tener un impacto más claro de cambio social.

    La CNV me ayuda a desafiar el condicionamiento cultural de miles de años, una cultura de dominación que me aleja de la vida y el corazón. Me ayuda a bajar de la azotea, de esa torre de marfil que tiende a mantenerme separado, fijo y defensivo a través de todos mis elaborados juicios, diagnósticos, culpas, condenas, reacciones, idealizaciones y opiniones hacia los demás y hacia mi mismo. Me devuelve al campo de Rumi, el poeta sufí:

    “Más allá de lo-que-está-bien y lo-que-está-mal
    se extiende un campo,
    en ese lugar nos encontraremos”
    .

    Finalmente, tomo a la CNV como otro medio hábil para realizar algunos de los aspectos de los grandes votos del Bodhisattva, aquellos que todo practicante de Budismo Zen abraza como intención:

    “A los innumerables seres hago el voto de liberar.
    A las ignorancias que surgen sin fin hago el voto de extinguir…”

    ****

    Necesidades humanas básicas y universales

    • De autonomía: poder elegir los propios ideales, objetivos y valores, y la manera de realizarlos.
    • De celebración (ante los ideales alcanzados y las necesidades satisfechas) y duelo (ante las necesidades no satisfechas y en conmemoración de las pérdidas).
    • De esparcimiento y comunión espiritual: paz, armonía, belleza, orden, trascendencia, inspiración, juego, evolución, etc.
    • De integridad: autenticidad, creatividad, libertad, propósito, valía, etc.
    • De interdependencia: aceptación, afecto, amor, apoyo, comunidad, comprensión, confianza, consideración, contribución, empatía, proximidad, respeto, seguridad emocional, tranquilidad, sinceridad, pertenencia, etc.
    • De sustento físico como: agua, aire, alimentación, contacto, descanso, expresión sexual, movimiento, ejercicio, protección, seguridad, vivienda, etc.

    El aprendizaje y práctica de la CNV nos mantiene más atentos y sensibles a las necesidades humanas y nos da elementos para reconocerlas en nosotros mismos y en los demás. También nos hace muy evidente hasta qué punto no fuimos educados para reconocer y respetar estas necesidades.

    Counselor Ricardo Toledo
    Director de la Escuela Humanística de Counseling Psicocorporal
    Focusing Trainer
    Integrante de la Red Educacional Hakomi
    Integrante de la red CNV de Argentina
    Practicante de Budismo Zen
    ricardomtoledo@yahoo.com.ar

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