• Dar de todo corazón: La esencia de la Comunicación No Violenta

    Capítulo 1 de Comunicación no violenta, Marshall B. Rosenberg (2000), Ediciones Urano, Balcelona España, reproducción autorizada por gentiilza de los editores.

    Dar de todo corazón

    La esencia de la Comunicación No Violenta

    Lo que busco en la vida es compasión,
    una corriente que fluya entre yo y los demás,
    basada en un mutuo dar de todo corazón.

    MBR

    INTRODUCCIÓN

    Debido a que estoy plenamente convencido de que forma parte intrínseca de nuestra naturaleza sentirnos satisfechos cuando damos y recibimos algo de forma solidaria, hay dos preguntas que me han producido siempre una íntima desazón. ¿Qué ocurre cuando nos apartamos de esa actitud solidaria, cuando nos conducimos de forma violenta y abusamos de nuestro prójimo? Y a la inversa, por qué algunas personas son consecuentes con esta actitud solidaria incluso en las circunstancias más adversas?

    La inquietud que despiertan en mí estas dos preguntas se remonta a mi infancia, alrededor del verano de 1943, cuando mi familia se mudó a Detroit (Michigan). Dos semanas después de que nos hubiéramos instalado en la ciudad, un incidente en un parque público desencadenó un enfrentamiento de carácter racial. Durante los días que siguieron al hecho fueron asesinadas más de cuarenta personas. El barrio donde vivíamos estaba situado en el centro mismo del estallido del brote de violencia, lo cual nos obligó a permanecer tres días encerrados con llave en nuestra casa.

    Cuando se extinguió la alarma y se inició el periodo escolar, descubrí que un apellido puede ser tan peligroso como el color de la piel. En clase, el primer día que el maestro pronunció mi nombre, dos chicos me miraron fijamente y soltaron un silbido. "Así que eres un kike", dijeron. No sabía a qué se referían ni tampoco que algunas personas usaban aquella palabra de manera despectiva para referirse a los judíos. A la salida de clase, los dos chicos me estaban esperando y, de un empujón, me derribaron al suelo y me propinaron una tanda de puntapiés y una soberana paliza.

    Desde aquel verano del año 1943, he estado analizando las dos preguntas que he formulado al principio. ¿Qué nos incita, por ejemplo, a mantenernos vinculados a nuestra naturaleza solidaria aun en las peores circunstancias? Pienso en personas como Elly Hillesum, que supo mantenerse solidaria con el prójimo pese a verse sometida a las aberrantes condiciones de un campo de concentración alemán. En el diario que escribía hizo constar lo siguiente:

    No me asusto fácilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que trato con seres humanos y debo esforzarme en comprender sus actos. Lo que realmente importa en lo que me ha ocurrido esta mañana no es que un funcionario de la Gestapo, exasperado, me haya increpado a gritos, sino que yo no me haya enfadado y que, por el contrario, haya procurado comprenderlo a él y hasta me hayan entrado ganas de preguntarle: ¿Fuiste infeliz cuando eras niño? ¿Te ha dejado la novia?". Sí, el chico tenía un aire atormentado, un aire de víctima, estaba triste, parecía sentirse indefenso. ¿Por qué no me habré ocupado de él en aquel mismo momento? Sé que cuando los jóvenes se sienten desgraciados se convierten en un peligro para los demás.

    ELLY HILLLSUM,
    A Memoir

    Cuando me dispuse a estudiar los factores que afectan a nuestra capacidad de ser compasivos, me sorprendió comprobar la función primordial que desempeñan tanto el lenguaje en sí como el uso que hacemos de las palabras. Fue entonces cuando descubrí ese enfoque específico de la comunicación -hablar y escuchar- que nos Ileva a darnos a los demás de todo corazón, a conectar con nosotros mismos y con otras personas de manera que aflore nuestra compasión natural. He dado a este enfoque el nombre de "Comunicación No Violenta"; uso la expresión "no violenta" en el mismo sentido en que la utilizaba Gandhi al referirse a la compasión que el ser humano expresa de un modo natural cuando su corazón renuncia a la violencia. Pese a que quizá no consideremos "violenta" nuestra actitud al hablar, a menudo nuestras palabras ofenden o hieren no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos. En algunas comunidades, el proceso que describo se denomina Comunicación Compasiva. A lo largo de este libro, utilizo la sigla "CNV" para referirme a la Comunicación No Violenta o Comunicación Compasiva.

    UNA MANERA DE CENTRAR LA ATENCIÓN

    La CNV se funda en las habilidades relativas al lenguaje y la comunicación, que refuerzan nuestra capacidad de seguir siendo humanos incluso en las condiciones más extremas. No se trata de nada nuevo: hace siglos que se conocen todos los elementos de la CNV El objetivo es que recordemos algo que ya sabemos -de qué modo se supone que los seres humanos debemos relacionarnos- y que vivamos de una manera que manifieste abiertamente este conocimiento.

    La CNV nos brinda orientaciones que nos permitirán reestructurar nuestra forma de expresarnos y de escuchar a los demás. En lugar de obedecer a reacciones habituales y automáticas, nuestras palabras se convertirán en respuestas conscientes con una base firme en lo que percibimos, sentimos y deseamos. Nos sentiremos impulsados a expresarnos con sinceridad y claridad y a prestar una atención respetuosa y empática a los demás. En nuestro trato con otras personas, tendremos en cuenta tanto nuestras necesidades más profundas como las ajenas. La CNV nos enseña a observar cuidadosamente y detectar conductas y situaciones que nos afectan. Con ella aprendemos a identificar y expresar con claridad lo que esperamos en concreto de una situación dada. El método es simple, pero su poder de transformación es extraordinario.

    Dado que la CNV apunta a sustituir nuestras antiguas pautas de defensa, evitación o ataque desencadenadas ante los juicios y las críticas de otras personas, nuestra actitud hará que nos veamos a nosotros y veamos a los demás bajo una nueva luz, y que percibamos desde otro ángulo nuestras intenciones y relaciones. Las reacciones de resistencia, defensa y violencia quedarán reducidas al mínimo, ya que cuando nos centramos en clarificar lo que observamos, sentimos y necesitamos, en lugar de dedicarnos a diagnosticar y juzgar, descubrimos cuán profunda es nuestra compasión. Dado que la CNV se centra principalmente en escuchar con atención -no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos-, propicia el respeto y la empatía y engendra un deseo mutuo de darnos de todo corazón.

    Aun cuando me refiero a la CNV como un "proceso de comunicación" o un "lenguaje de la compasión", en realidad es bastante más que eso. A un nivel más profundo, es un recordatorio constante que mantiene nuestra atención centrada en un punto donde es probable que hallemos lo que buscamos.

    Es conocida la anécdota de un hombre que estaba a gatas en el suelo buscando algo debajo de una farola. Un policía que pasaba por el lugar le preguntó qué hacía. "Estoy buscando las llaves del coche", respondió el hombre, que estaba algo borracho. "¿Se le han caído aquí?", siguió inquiriendo el agente. "No, se me han caído en el callejón", fue la respuesta del hombre. Al ver la expresión de desconcierto del policía, se apresuró a explicar: "Pero aquí hay más luz".

    Me doy cuenta de que mi condicionamiento cultural me lleva a centrar la atención en lugares donde no es probable que encuentre lo que busco. He concebido la CNV, pues, para educar mi atención, para hacer resplandecer la luz de mi conciencia en aquellas zonas donde seguramente hallaré lo que ando buscando. Lo que busco en la vida es compasión, una corriente que fluya entre yo y los demás, basada en un mutuo dar de todo corazón.

    La compasión a la que me refiero, y que defino como un "dar de todo corazón", se encuentra plasmada en el siguiente poema, original de mi amiga Ruth Bebermeyer:

    Jamás siento tanto que doy algo
    como cuando lo recibes tú,
    cuando comprendes la alegría que siento
    al dártelo.
    Sabes que si te lo doy
    no es para que me lo debas,

    sino porgue así vivo el amor
    que siento por ti.

    Recibir con gracia
    quizá sea la mayor forma de dar.
    No es posible separar
    una cosa de otra.
    Cuando tú me das algo,
    yo te doy al recibirlo.
    Cuando recibes algo de mí, siento que
    soy yo quien se da.

    Canción de Ruth Bebermeyer titulada "Given To"
    [Darse], que forma parte del álbum Given To, de 1978.


    Cuando damos algo de corazón, sentimos una alegría que nos sale de dentro, porque deseamos enriquecer la vida de la otra persona. Es algo que beneficia tanto al que da como al que recibe. Este último goza de lo que le ha sido dado sin inquietarse por las consecuencias que acompañan siempre a las cosas que se ofrecen por miedo, remordimiento, vergüenza o el deseo de obtener algo a cambio. El que da siente crecer su autoestima, una reacción que experimentamos al ver que nuestros esfuerzos contribuyen al bienestar de otra persona.

    Llevar a la práctica la CNV no exige que las personas con las que nos comunicamos conozcan las particularidades de este proceso, ni siquiera que estén motivadas hasta el punto de querer establecer una relación con nosotros basada en la compasión. Si nos atenemos a los principios de la CNV, sólo con la motivación de dar y recibir de una manera compasiva, y hacemos todo cuanto esté en nuestra mano para que los demás entiendan que este es el único impulso que nos guía, se unirán a nosotros en el mismo proceso y acabaremos respondiéndonos mutuamente con compasión. No digo que esto pueda conseguirse en un momento, pero mantengo que la compasión surgirá de manera indefectible si nos atenemos fielmente a los principios y el proceso de la CNV.

    EL MODELO DE LA CNV

    Si queremos llegar a ese deseo mutuo de dar de todo corazón, hemos de enfocar la luz de la conciencia de modo que ilumine cuatro zonas, a las que vamos a referirnos como los cuatro componentes del modelo de la CNV.

    En primer lugar observaremos lo que ocurre realmente en una situación dada, lo que dicen o hacen los demás: ¿sirve para enriquecer nuestra vida o no? El truco consiste en saber expresarlo claramente de modo que no incorpore ningún juicio ni evaluación, poder decir simplemente qué cosas nos gustan y cuáles no de las que hace la gente. Seguidamente investigaremos cómo nos sentimos una vez hecha esta observación. ¿Nos sentimos ofendidos, asustados, alegres, divertidos, irritados, etc.? Y en tercer lugar diremos cuáles de nuestras necesidades guardan relación con los sentimientos que hemos descubierto. Siempre que nos servimos de la CNV para expresar de forma clara y sincera cómo nos sentimos, está presente en nosotros la conciencia de estos tres componentes.

    Por ejemplo, una madre puede manifestar esos tres aspectos del proceso diciéndole a su hijo adolescente: "Félix, me molesta ver dos calcetines sucios hechos una. bola debajo de la mesilla del café y otro al lado del televisor, simplemente porque me gusta que las habitaciones de la casa que compartimos entre todos estén ordenadas".

    Acto seguido, la madre abordará el componente número cuatro, que es una petición muy específica: "¿Quieres hacer el favor de recoger los calcetines y llevártelos a tu habitación o meterlos en la lavadora?". El componente número cuatro se centra en lo que esperamos que haga la otra persona para enriquecer nuestra vida o la de los dos.

    Así pues, una buena parte de la CNV consiste en expresar de manera muy clara, ya sea verbalmente o por otros medios, estas cuatro parcelas de información. El otro aspecto de la comunicación consiste en recibir de otras personas esas mismas cuatro parcelas. Conectamos con los demás percibiendo primero lo que ellos observan, sienten y necesitan, y descubriendo después qué enriquecerá su vida al escuchar la petición que nos formulan.

    Cuando centramos nuestra atención en los aspectos citados y ayudamos a los demás a hacer lo mismo, establecemos una corriente de comunicación que discurre en los dos sentidos y se manifiesta de una manera natural: observo, siento y averiguo qué necesito; qué me hace falta para enriquecer mi vida; qué observa, siente y necesita la otra persona; qué le hace falta para enriquecer su vida...


    El modelo de la CNV

    Actos concretos que
    observamos que afectan nuestro bienestar.


    Cómo nos sentimos en relación
    con lo que observamos.


    Las necesidades, los valores, los deseos, etc.,
    que crean nuestros sentimientos.


    Los actos concretos que queremos pedir
    a la otra persona para enriquecer nuestra vida.


    Cuando nos servimos de este modelo, podemos empezar expresándonos de una manera personal o empática a través de estas cuatro parcelas de información que nos proporcionan los demás. A pesar de que en los capítulos que van del tercero al sexto aprenderemos a escuchar y a expresar verbalmente cada uno de estos componentes, conviene tener presente que la CNV no es una fórmula inamovible, sino que se adapta a diversas situaciones y a los diferentes estilos personales y culturales. Aun cuando yo me refiero a la CNV como un "proceso" o un "lenguaje", se pueden manifestar las cuatro facetas del modelo sin necesidad de articular una sola palabra. La esencia de la CNV está en la conciencia que tenemos de esos cuatro componentes, no en las palabras en sí que intercambiamos.

    LA APLICACIÓN DE LA CNV A NUESTRA VIDA Y AL MUNDO

    Siempre que aplicamos la CNV a nuestras relaciones -ya sea con nosotros mismos, con otra persona o con un grupo-, conectamos necesariamente con nuestra compasión natural. Se trata, pues, de un enfoque que puede aplicarse de manera efectiva a todos los niveles de comunicación en las situaciones más diversas:

    • relaciones íntimas ;
    • familia;
    • escuela;
    • organizaciones e instituciones;
    • terapia y asesoramiento psicológico;
    • negociaciones diplomáticas y comerciales;
    • disputas y conflictos de todo tipo.

    Hay quien se sirve de la CNV para hacer que sus relaciones íntimas sean más profundas y afectuosas:

    Cuando comprobé todo lo que se puede recibir (oír) y todo lo que se puede dar (expresar) a través de la CNV, renuncié a vulnerar los sentimientos de los demás, abandoné el papel de víctima y me dispuse a prestar oído atento a las palabras de la otra persona y a tratar de descubrir los sentimientos que estaban soterrados en ellas. Descubrí entonces a un hombre herido con el que hacía veintiocho años que estaba casada. El fin de semana anterior al día en que inicié el taller sobre la CNV, mi marido me había comunicado que quería divorciarse. Diré para resumir que hasta la fecha seguimos juntos, y que valoro la contribución que ha tenido la CNV en ese final feliz... Aprendí a prestar atención a sus sentimientos, a expresar mis necesidades, a aceptar ciertas respuestas que no siempre había querido oír. Él no existe sólo para hacerme feliz, y yo no existo sólo para hacerle feliz. Hemos evolucionado los dos, hemos aprendido a aceptarnos y amarnos de modo que cada uno pueda realizarse por su cuenta.

    Participante de un taller en San Diego

    Otros se sirven de la CNV para crear unas relaciones más efectivas en su lugar de trabajo:

    Hace un año aproximadamente que me sirvo de la CNV en mis clases de educación especial, y puedo decir que es un método que resulta efectivo incluso con niños afectados de retrasos de lenguaje, problemas de aprendizaje y trastornos de la conducta. Hay en mi clase un alumno que escupe, suelta palabrotas, grita y pincha a sus compañeros con el lápiz cuando se acercan a su mesa. Le sugiero: "Oye, ¿por qué no se lo dices de otra manera? ¿Por qué no empleas el lenguaje de la jirafa?>,. (En algunos talleres se utilizan jirafas de juguete como un útil complemento educativo en las demostraciones prácticas de la CNV.) El niño se levanta al momento y, muy erguido, mirando al compañero hacia el que va dirigida su indignación, le dice con toda calma: "¿Quieres hacerme el favor de apartarte de mi mesa? Me molesta que te acerques". Los demás compañeros podrían responder en ese caso con una frase como: "¡Lo siento! Había olvidado que esto te molesta".
    Estuve reflexionando sobre mi fracaso con este niño y procuré descubrir qué era lo que yo necesitaba de él (además de armonía y orden). Me di cuenta del mucho tiempo que invertía en la planificación de las lecciones y de que mi necesidad de creatividad y de colaboración por su parte se veía frustrada por culpa de las obligaciones que me imponía su conducta. Por otra parte, me di cuenta también de que esto me obligaba a desatender las necesidades de los demás alumnos. Así pues, cada vez que veía que el niño comenzaba a actuar como tenía por costumbre, le decía abiertamente: "Quiero que estés atento". Tuve que recordárselo cien veces al día, pero al final acabó por captar el mensaje y participar en las actividades de la clase.

    Maestra de Evanston, Illinois

    Un médico escribe lo siguiente:

    Cada vez me sirvo más de la CNV en la práctica de la medicina. Algunos de mis pacientes incluso me preguntan si soy psicólogo debido a que no están acostumbrados a que los médicos se interesen por su vida ni por su manera de enfrentarse con la enfermedad. La CNV me ha ayudado a entender las necesidades de mis pacientes y me ha revelado qué quieren escuchar en cada momento. Es una actitud que me resulta particularmente útil en mi relación con quienes padecen de hemofilia y/o sida, porgue estos enfermos llevan tanta rabia y tanto dolor acumulados dentro que eso acaba por afectar seriamente la relación entre el paciente y el médico. Hace poco, una mujer enferma de sida, a la que trataba desde bacía cinco años, me dijo que lo que más la había ayudado en nuestra relación eran mis esfuerzos por encontrar maneras de que disfrutara de su vida cotidiana. En este aspecto me ha sido de gran utilidad la CNV. Antes, cuando me enteraba de que uno de mis pacientes su fría una enfermedad mortal, solía dejarme arrastrar por el diagnóstico y me era muy difícil darle ánimos y empujarlo a que siguiera adelante con su vida. Gracias a la CIVV he adquirido una nueva conciencia y un nuevo lenguaje. Me sorprende ver hasta qué punto se adapta a mi práctica médica. Ahora me siento más lleno de energía y alegría en mi trabajo.

    Un médico de París

    Otros utilizan este proceso en el campo político. Una ministra francesa, en el curso de una visita a una hermana suya, observó una gran diferencia con respecto al pasado en el trato entre dicha hermana y su marido, así como en su manera de comunicarse y responderse mutuamente. Animada por las descripciones que le hicieron de la CNV, les dijo que la semana siguiente debía negociar ciertas delicadas cuestiones entre Francia y Argelia. Pese a que disponíamos de un tiempo limitado, enviamos a París a una persona de habla francesa, experta en la materia, a fin de que pudiera instruir convenientemente a la ministra en cuestión. Más tarde ella misma atribuiría una gran parte del éxito de las negociaciones que llevó a cabo en Argelia a las técnicas de comunicación recién adquiridas.

    En Jerusalén, en el curso de un taller al que asistieron israelíes de diferentes orientaciones políticas, los participantes se sirvieron de la CNV para manifestar sus opiniones con respecto a la debatida cuestión de Cisjordania. Muchos de los israelíes establecidos en Cisjordania consideran que no hacen sino acatar un mandato religioso al proceder de este modo, debido a lo cual están enzarzados en conflictos no sólo con los palestinos, sino también con otros israelíes que reconocen la esperanza de soberanía nacional de los palestinos en esta región. En una sesión, uno de mis instructores y yo planeamos una sesión empática según los métodos de la CNV, e invitamos a los participantes a establecer turnos para interpretar los diferentes papeles y ponerse en el lugar del otro. A los veinte minutos, una de los habitantes de la zona anunció públicamente su decisión de renunciar a sus reivindicaciones sobre el territorio y de abandonar Cisjordania para mudarse a la zona reconocida internacionalmente como perteneciente a los israelíes, siempre que sus oponentes políticos la escucharan de la misma manera que acababan de hacerlo allí.

    La CNV se utiliza ahora en todo el mundo como valioso recurso para aquellas comunidades que se enfrentan a conflictos violentos y a graves tensiones étnicas, religiosas o políticas. Es para mí una gran satisfacción ver la utilidad de la difusión de la CNV y de su aplicación a la mediación para resolver conflictos en Israel, entre las autoridades palestinas, en Nigeria, Ruanda, Sierra Leona y otros lugares. Recientemente algunos de mis colaboradores estuvieron conmigo en Belgrado, donde pasamos tres días de intensa labor preparando a los ciudadanos para que trabajaran por la paz. En cuanto llegamos, lo primero que advertimos fue la expresión de desesperanza grabada visiblemente en los rostros de la gente del país que acudía en busca de consejo, prisionera de la guerra brutal desatada en Bosnia y Croacia. Así que hubimos avanzado un poco en nuestras enseñanzas, no tardamos en disfrutar oyendo sus risas, lo que nos permitió participar de su profunda gratitud y su alegría por haber encontrado el aliento que andaban buscando. En el curso de las dos semanas siguientes, durante las sesiones informativas celebradas en Croacia, Israel y Palestina, volvimos a tener ocasión de ver a más ciudadanos víctimas de la desesperación en países desgarrados por la guerra y pudimos comprobar que recuperaban el ánimo y la confianza gracias a las enseñanzas que recibieron sobre la CNV.

    Me considero afortunado por haber tenido la oportunidad de viajar a través del mundo instruyendo a la gente en un proceso de comunicación que le aporta fuerza y alegría. Y ahora, con este libro, siento una gran satisfacción y un enorme entusiasmo al poder compartir con mis lectores toda la riqueza que encierra la Comunicación No Violenta.

    RESUMEN

    La CNV nos ayuda a conectar con nosotros mismos y con los demás, permitiendo que aflore nuestra compasión natural. Nos orienta de tal manera que nos permite reestructurar nuestra forma de expresarnos y de escuchar a los demás, haciéndonos conscientes de lo que observamos, sentimos y necesitamos, y lo que les pedimos a los demás para hacer más rica nuestra vida y la suya. La CNV favorece la escucha atenta, el respeto y la empatía, y propicia el deseo mutuo de dar de todo corazón. Hay quien se sirve de la CNV para llegar a una comprensión de sí mismo; hay quien aspira a llegar con ella a una relación más profunda con sus semejantes, y hay quien quiere construir a través de ella unas relaciones más efectivas en su lugar de trabajo o en el campo político. En el ámbito mundial, la CNV sirve para resolver disputas y conflictos a todos los niveles.

     

     

     


    Fuente: Comunicación no violenta, Marshall B. Rosenberg (2000), Ediciones Urano, Balcelona España
    Capítulo 1, reproducción autorizada por gentiilza de los editores.

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